martes, 29 de noviembre de 2016

Poemas. Por ARMANDO BARONA MESA. 2016.

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 Poemas 

Por ARMANDO BARONA MESA *
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2016
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LOS TRES MINUTOS DE UN POETA QUE SUEÑA

A ELMO VALENCIA,  POETA DE LA NADA,AL QUE PARA VIVIR NO LE ES NECESARIO MÁS DE TRES  MINUTOS DE SOL, QUE HOY SON NOVENTA AÑOS.                                         
                                    
 Tres minutos de sol me bastan para vivir la vida.
A  la mañana, cuando canta mi gallo con su clarín de luces.
Al medio día, cuando salgo a la calle
entre trotes de olores, estrépitos de ruidos, claxones,
alaridos perdidos y voces que viajan como nubes dormidas.
Reina un enjambre de seres sonámbulos
que caminan sobre el filo de la navaja.

Pero estoy vivo como un alacrán, o una sanguijuela.   
Son tres minutos de vida y de muerte que se evaden.

Me niego a fallecer  bajo el ropaje de un sol calcinante,
o de una noche sin búhos ni cornejas.

Sì, con tres minutos de sol basta
para recorrer ese camino ardiente
de las mismas fatigas,
donde los andamios  se inclinan al abismo
y la voz sucumbe entre la primavera de asfalto.

Amo los crepúsculos, amo el vino que fulge como un talismán
detrás de la noche. Me embriago
como un jinete abrupto y solitario.

Distancio mis quebrantos de todo lo que existe y
recorro el círculo fatal de mis venas dormidas.
Las veo tan frágiles al empuje de un arma cualquiera.

Ah, pero me bastan tres minutos de sol
y el canto egregio de mi gallo
buscando entre la noche el brillo de  la madrugada.

Entonces puedo hablar
de mis pesares que son dicha.
Y de la enorme alegría de estar vivo
para soñar un solo instante
con aquella que hoy es solo una rosa del olvido.

                                                                       
Cali, enero 2 de 2016       

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ESFINGE DE LAS NOCHES

La noche me pertenece.
Filtro su ausencia de luz
en la madeja de mis recuerdos,
de mis evaporaciones y
evanescencias, que son
como árboles nocturnos que sueltan  su presencia,
sin  verse, bajo el ropaje obscuro de las sombras.

Sí, soy un ave nocturna
de ojos abiertos, piel de erizo y
oídos a la música como las cobras hechizadas.

Entonces viene  una mención sin nombre
que fulge en mi mente como un fantasma vivo.
Y es así como te veo danzante
en los rincones
como una sierpe de senos nacarados.

Hay besos que te buscan
y cuerpos lascivos que tiemblan de deseos.
Te veo incierta, bajo esa música de soles trasnochados
y hundo mis miembros húmedos  en tu regazo de algas.
Son fantasmas que huyen y regresan.

También te veo huyendo,
entre esos sueños grises que atrapan el recuerdo.

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ESTE AMIGO EN EL ALMA

                                                              Para el médico Adolfo Vera Delgado, poeta de la vida

Amigo, como el cauce de un río
que avanza
en el misterio
de lo que está adelante.
Amigo transparente que entregas  tu cauce y tu río
y ese misterio de lo que aún no llega.

Has sentido mi pulso débil,
mis desmayos, mis miedos a la muerte,
mis miedos a la vida.
Allí estabas con tu bata blanca
sintiendo mis encrucijadas
y dándome  una flor 
como si el jardín abriera su rosal
únicamente para mí.

Amigo que conocimos juntos
la música de la alegría,
la del abandono y la del olvido.
Que vibramos en la misma onda
en el estrecho mundo
de las dudas, de las crudezas y de los hastíos.
Pero levantamos por siempre
la mirada en busca de la buena esperanza y
de un horizonte sin límites
igual al de  las nubes que se abren
en la lluvia, o como los
marineros intrépidos después del  cataclismo.

Oh  mi buen amigo y compañero,
que has trajinado el soplo de la luz
venciendo las tinieblas,
pero has sentido igual tu hora de tinieblas.

Déjame unirme a tu poemario de las  desolaciones
y declararte, como el hombre
que soy igual que tú,
que todos los días y
a cada hora, entre risas y llantos, estamos creando
una torre de sueños y quimeras.                            

Cali, febrero 26 de 2016

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EL BARON DE NUQUÍ
                                                                  
                                                                                 A Gabriel Ruiz, navegante de mares y crepúsculos

Montado en un potrillo de un solo velamen,
navegante de océanos recónditos
y noches quejumbrosas,
el boga encuentra a otro caballero de la noche
que no necesita identificación. Se ha subido a su bote
en plena mar,
y mientras enciende con un débil candil su cigarro sin humo,
le espeta con confianza: “Amigo, cómo anda la pesca ?”
El navegante reconoce al Riviel, y venciendo su miedo
tenebroso le responde:
“mi pesca es de luceros y de  estrellas,
amo el mar y sus olas oscuras,
siento el viento danzando entre palmeras
y se que en el fondo salobre está la vida más que la muerte”.

El Riviel intentó dar una bocanada a su cigarro sin humo,
miró las olas en su danza perenne y solo agregó:
Tú eres el Barón de Nuquí, te conozco y puedes seguir navegando
entre luceros rojos y mantarrayas azules.
Y el potrillo siguió con su Barón a bordo
dejando un rastro de luz en los esteros.

Cali, noviembre 2 de 2016

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                   Potrillo de un solo velamen
Fotografía de Robert West, 1953, Pacífico colombiano  


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